He reido solo para hacer creer a la gente que soy feliz, he llorado hasta que se me agotasen las lágrimas, he perdonado lo imperdonable, he tenido, tengo, y tendré a las mejores personas cerca, he querido como nadie lo hará jamás, he sacado fuerzas de donde no las había, he hecho reír a la gente con mil tonterias, he tenido el valor de construir un futuro que jamás se cumplirá, me he comportado como una niña chica solo para que vieran que todavía tengo algo inmaduro dentro de mi, he sido el pañuelo de lágrimas de aquellos que se han derrumbado, he llamado por teléfono solo para que se acordaran de que existo, me he hecho la sorda solo para no oír lo que no quería escuchar, y la ciega para no ver lo que dolía, he conocido al primer amor, he tenido enfrente al desamor, he tenido el coraje de decir lo que pienso, me he tragado mi orgullo para no perder a personas importantes, me he guardado cientos de lágrimas para hacer creer que soy fuerte, he tenido momentos de locura solo para ver como la gente es feliz, y hoy, he sido capaz de levantarme, mirar al frente, y seguir adelante.
Entrégate, besa, corre, vuela, y, sobre todo... enamórate, sé feliz. Sé tú mismo, porque no hay nada más importante para el mundo :)
Stuffs
Welcome, I thing. :)
martes, 3 de mayo de 2011
Little Liar.
Sí, lo acepto, soy de esas que se duerme en la parte más interesante de la película, de esas que olvidan el 14 de febrero, de las que llegan media hora tarde y sonríen mientras piden perdón. De las que hace la maleta cinco minutos antes de salir de viaje, de las que piensa que el orgullo es lo último que se pierde. Acepto que soy la más cabezona y negativa del planeta, y a pesar de ello llevo el móvil en el bolsillo aunque sea cancerígeno. Y que primero actúo y luego pienso. Miento bastantes veces, mentiras piadosas, eso sí, soy el ser más imperfecto y reconozco todos y cada uno de esos defectos, me equivoco repetidas veces y pido perdón hasta que lo aceptan solo para hacerme callar. Nunca he mentido en eso del amor, he dicho que me enamoré y nadie puede decir que no, dije que te quería y era cierto, y si digo que ya no lo siento... una vez más repito que suelo decir mentiras piadosas.
Human.
Increíble maquina el ser humano. Como descubrió Darwin hace ya tantos años, y como cualquier animal, somos seres capaces de adaptarnos a las adversidades de la vida, a los cambios infructuosos del destino. De adaptarnos a cualquier circunstancia. Dolor, risa, llanto. Superamos el dolor. Podemos imaginar la felicidad, tratar de atraparla, perderla, encontrarla, alejarnos de ella, rechazarla por hacer felices a otros. Cerramos capítulos de nuestras vidas para abrir otros. Dejamos pasar oportunidades que no se volverán a presentar, u optamos por perdernos en las ventanas que se van abriendo a nuestro paso sin rechazar ninguna.
Somos, en realidad, una serie de números complejos que se adaptan a unas sucesiones marcadas por el destino, o que tenemos agallas para crear nuestras propias progresiones aritméticas. Con el tiempo. O geométricas, con la distancia. Complejo.
Olvidamos. Rompemos unas historias para empezar otras. Fallamos, caemos, nos levantamos. Nos arrepentimos de lo que hemos hecho. Y también de lo que no. Empezamos de cero, una y otra vez. Hacemos daño, y también nos dañamos. Nos parten el corazón y rompemos corazones. Pero seguimos, inquebrantables, hacia adelante. Reprimimos sentimientos, dejamos correr las lágrimas, ahogamos la pena en alcohol y la ira en rabia, en golpes. Sofocamos la pasión más intensa.
¿Y todo para qué? Para después, en apenas un segundo, darnos cuenta de que todo lo que hemos hecho no sirve para nada. Solo un segundo, lo justo y necesario para llegar a comprender que esa puerta que creímos sellada… jamás se cerró con llave.
Que maquina más aterradora el ser humano. Como dicen, “un amasijo de indicadores, diales, contadores, de los que solo podemos ver unos pocos, y esos pocos, tal vez... sin ninguna precisión”.
Somos, en realidad, una serie de números complejos que se adaptan a unas sucesiones marcadas por el destino, o que tenemos agallas para crear nuestras propias progresiones aritméticas. Con el tiempo. O geométricas, con la distancia. Complejo.
Olvidamos. Rompemos unas historias para empezar otras. Fallamos, caemos, nos levantamos. Nos arrepentimos de lo que hemos hecho. Y también de lo que no. Empezamos de cero, una y otra vez. Hacemos daño, y también nos dañamos. Nos parten el corazón y rompemos corazones. Pero seguimos, inquebrantables, hacia adelante. Reprimimos sentimientos, dejamos correr las lágrimas, ahogamos la pena en alcohol y la ira en rabia, en golpes. Sofocamos la pasión más intensa.
¿Y todo para qué? Para después, en apenas un segundo, darnos cuenta de que todo lo que hemos hecho no sirve para nada. Solo un segundo, lo justo y necesario para llegar a comprender que esa puerta que creímos sellada… jamás se cerró con llave.
Que maquina más aterradora el ser humano. Como dicen, “un amasijo de indicadores, diales, contadores, de los que solo podemos ver unos pocos, y esos pocos, tal vez... sin ninguna precisión”.
Deceptio.
Decepción: Desilusión o pesar producidos por el conocimiento de algo que no es como se esperaba. Del latín, deceptio (engaño).
Adoro la objetividad del diccionario. Más aun, adoro la objetividad de quien sea que escribió eso. Quizá fue una persona feliz que jamás se vio derribada por la vida, quizá no lo fue pero supo ocultarlo. Tampoco creo que nunca nadie sea capaz de describir correctamente esa palabra. Para algunos será el fin de una época, para otros la entrada en la realidad. Para algunos quizá en el fondo un alivio. Para otros, un gran golpe.
En realidad solo puedo decir lo que, para mí, implica esa palabra. Decepción. Del latín, deceptio, querer mucho a una persona y confiar. Entregárselo todo, darlo todo de ti. Dejar que te joda, que te duela. Que te haga feliz, que te haga llorar. Depender de alguien. Y, entonces, sumirte en tal estado de angustia, impotencia y tristeza que te haga dudar incluso de ti misma. Preguntarte una y otra vez por que el, por que a ti. Por que, de todas las personas en el mundo, fue la única que sostenía tu vida la que te fallo. Por que el, de entre todos los demás, aquel que bebió los vientos por ti. Como has podido ser tú. Después de tantas promesas, de tantos silencios, de tantos “te quieros”.
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