La vida es como el Tetris: haces algo bien y desaparece, mientras que tus errores se acumulan hasta hacerte perder.
Y sí, siempre pierdes.
Entrégate, besa, corre, vuela, y, sobre todo... enamórate, sé feliz. Sé tú mismo, porque no hay nada más importante para el mundo :)
Stuffs
Welcome, I thing. :)
domingo, 27 de marzo de 2011
jueves, 24 de marzo de 2011
Three.
miércoles, 23 de marzo de 2011
Two.
Fears.
Last Day.
Y, por fin, el final del día. Por fin por una parte, porque por otra había sido uno de los mejores días que habías pasado en mucho tiempo. Con esa sonrisa idiota que solo tienes cuando llegas a casa después de haberte reído como una tonta durante más de media tarde, tiras las llaves en la bandeja que hay sobre el mueble de la entrada y, mientras pasas al salón, vas quitándote la chaqueta, y la bufanda. Vale que sea mediados de Marzo, pero aún hace frío, a veces. Quitándote el pañuelo del cuello, te tiras en el sofá sacando el móvil y te pones a mirar las fotos, encendiendo la tele con aspecto distraído. Vaya, Europa FM salta casi de manera autómata en la radio que tiene integrado el televisor. Amaral. Mis amigos. Joder, ni poniendo tú misma la canción lo hubieses elegido tan bien, ¿verdad? Sonríes, y te ríes, mirando la pantalla del móvil donde has guardado los recuerdos de una tarde que sabes que no vas a olvidar, y te ríes recordando la caída de aquel momento, la tontería de aquella otra foto, la broma de esa otra más.
"Son mis amigos..." La radio sigue sonando. Más alto, quizá más fuerte. Es increíble cómo una sola canción puede recordarte tantas cosas, y sin embargo es algo que pasa absolutamente a todo el mundo y absolutamente todos los días. Depende de tu estado de ánimo, claro está, pero aparte de eso, todos nos hemos identificado en un momento u otro de nuestras vidas con una canción, que la escuchas y dices: "Joder, como ese día en que..." Y, a veces, eso duele. Pero solo a veces. Y este no es uno de esos momentos.
Mientras empiezas a pasar las fotos del móvil para guardarlas a buen recaudo en tu ordenador, suena el teléfono. Vives sola, y tus padres ya han hablado hoy contigo. Hay un momento en el cual te quedas completamente desconcertada al mirar el número y ver que el marcador de llamadas no lo consigue identificar, pero lo cojes de todos modos atribuyendo la hora a alguna encuesta o entrevista telefónica. Contestas con un simple "¿Sí?" más bien tembloroso, todo hay que reconocerlo. La policía. Joder, ¿qué coño hace la policía llamando a tu casa, a estas horas? Vale que solo sean las nueve de la noche, pero eso siempre alarma. El tono de voz de la mujer que te habla al teléfono consigue asustarte aún más si cabe, y a medida que la conversación avanza, las piernas te empiezan a temblar clamando por piedad un asiento para no dejarte caer. Estás esperando el momento en el que la chica se ría. Estás esperando, mientras miras alrededor en busca de la maldita cámara oculta. Bajas la radio, le pides que te lo repita. Por piedad.
No podía ser. Ya no estaba. Ya no... no estaba, simplemente.Se había ido al igual que esta tarde llegó, después de tanto tiempo desaparecida. Ella, tu mejor amiga. Ya no estaba. Venga... no puede ser, apenas ha pasado media hora, joder, joder. Ella no puede... Joder. Esperas, aún tienes la esperanza, de que la mujer al teléfono, que está callada desde hace más de tres minutos, abra la boca y diga algo. Y, cuando lo hace, lo únido que escuchas es un suave "¿Sigue ahí?" Pero no. Tú ya no estás ahí. Vamos, empiezas a rezar porque te diga que es una maldita broma, una broma pesada, sí, pero que no deja de ser una broma. Ella no puede haberse ido, íbamos a hacer tantas cosas, tantos países, tantas... tantos planes. Joder, ¿por qué tú, por qué ahora? No lo entiendes, ni quieres entenderlo.
La canción se te antoja ahora tremendamente extraña, lejana, dolorosa. Lacera. Duele. Se ríe de tí en tu puta cara, y le gusta. Dejas caer el teléfono, que, contra todo pronóstico, no destapa aquella horrible jugada del destino, y este rebota contra el suelo perdiendo la conexión. Gritas. Lloras.
Lo siento. Aún a día de hoy me arrepiento. De habernos enfadado por cosas idiotas y, joder, de no haberte pedido perdón. De que hubieses sido tú y no otro. De no haberte acompañado a casa. De... de tantas cosas que pudieron cambiarlo. Dame un puto típex, por favor. Entra al laboratorio donde se retocan los recuerdos y úsalo. Y me acuerdo del cariño, de todos esos besos que a veces no di.
"Son mis amigos..." La radio sigue sonando. Más alto, quizá más fuerte. Es increíble cómo una sola canción puede recordarte tantas cosas, y sin embargo es algo que pasa absolutamente a todo el mundo y absolutamente todos los días. Depende de tu estado de ánimo, claro está, pero aparte de eso, todos nos hemos identificado en un momento u otro de nuestras vidas con una canción, que la escuchas y dices: "Joder, como ese día en que..." Y, a veces, eso duele. Pero solo a veces. Y este no es uno de esos momentos.
Mientras empiezas a pasar las fotos del móvil para guardarlas a buen recaudo en tu ordenador, suena el teléfono. Vives sola, y tus padres ya han hablado hoy contigo. Hay un momento en el cual te quedas completamente desconcertada al mirar el número y ver que el marcador de llamadas no lo consigue identificar, pero lo cojes de todos modos atribuyendo la hora a alguna encuesta o entrevista telefónica. Contestas con un simple "¿Sí?" más bien tembloroso, todo hay que reconocerlo. La policía. Joder, ¿qué coño hace la policía llamando a tu casa, a estas horas? Vale que solo sean las nueve de la noche, pero eso siempre alarma. El tono de voz de la mujer que te habla al teléfono consigue asustarte aún más si cabe, y a medida que la conversación avanza, las piernas te empiezan a temblar clamando por piedad un asiento para no dejarte caer. Estás esperando el momento en el que la chica se ría. Estás esperando, mientras miras alrededor en busca de la maldita cámara oculta. Bajas la radio, le pides que te lo repita. Por piedad.
No podía ser. Ya no estaba. Ya no... no estaba, simplemente.Se había ido al igual que esta tarde llegó, después de tanto tiempo desaparecida. Ella, tu mejor amiga. Ya no estaba. Venga... no puede ser, apenas ha pasado media hora, joder, joder. Ella no puede... Joder. Esperas, aún tienes la esperanza, de que la mujer al teléfono, que está callada desde hace más de tres minutos, abra la boca y diga algo. Y, cuando lo hace, lo únido que escuchas es un suave "¿Sigue ahí?" Pero no. Tú ya no estás ahí. Vamos, empiezas a rezar porque te diga que es una maldita broma, una broma pesada, sí, pero que no deja de ser una broma. Ella no puede haberse ido, íbamos a hacer tantas cosas, tantos países, tantas... tantos planes. Joder, ¿por qué tú, por qué ahora? No lo entiendes, ni quieres entenderlo.
La canción se te antoja ahora tremendamente extraña, lejana, dolorosa. Lacera. Duele. Se ríe de tí en tu puta cara, y le gusta. Dejas caer el teléfono, que, contra todo pronóstico, no destapa aquella horrible jugada del destino, y este rebota contra el suelo perdiendo la conexión. Gritas. Lloras.
Lo siento. Aún a día de hoy me arrepiento. De habernos enfadado por cosas idiotas y, joder, de no haberte pedido perdón. De que hubieses sido tú y no otro. De no haberte acompañado a casa. De... de tantas cosas que pudieron cambiarlo. Dame un puto típex, por favor. Entra al laboratorio donde se retocan los recuerdos y úsalo. Y me acuerdo del cariño, de todos esos besos que a veces no di.
sábado, 19 de marzo de 2011
Dreams.
Y hoy me he dado cuenta de que mis sueños fueron hechos de cristal. Han sido horriblemente difíciles de tallar, y extremadamente fáciles de romper.
Una sonrisa. Un "te quiero". Una mirada. Un cortar la respiración, un no dejar de pensar en ello. Así empezó todo.
Una caída. Un golpe. Un ruido. Un despertar, y todo acabó.
Una sonrisa. Un "te quiero". Una mirada. Un cortar la respiración, un no dejar de pensar en ello. Así empezó todo.
Una caída. Un golpe. Un ruido. Un despertar, y todo acabó.
Balloons.
Prométeme el cielo, y dámelo. Dime que nunca te irás de mi lado, y cúmplelo. Júrame que siempre vas a contar conmigo, y cuéntamelo todo. Ámame, mi vida.
Prométeme que nunca me soltarás, que no vas a dejar que me vaya como ese par de globos de una tarde en plena feria...
Prométeme que nunca me soltarás, que no vas a dejar que me vaya como ese par de globos de una tarde en plena feria...
miércoles, 16 de marzo de 2011
Life.
Y aprendi que no dar confianza era no recibirla.Que vivir era tan necesario como recordar, y como aprender, y que has de recordar como si el mundo terminase mañana y aprender como si fueses a vivir por siempre. Tambien aprendi que la vida era rapida, efimera. Que era lo mejor que teniamos. Y que, en definitiva, siempre ha sido una cosa sencilla el vivir: somos nosotros quien lo complicamos todo.
Asi que hazte un favor: vive. Que la vida son dos dias, y una noche, y que esa noche si la pasas de fiesta, mejor que mejor. Aprendi que reirte y burlarte de los que te intentaron hacer daño es el mejor analgesico para el dolor. Tambien que cuando haya palabras necias, lo mejor es tornar tus oidos sordos.
Ese dia aprendi, tambien, que lo mejor de la vida es poder ir con una sonrisa en los labios y que la gente te mire. Y, mientras te mira, sonreir de un chiste que solo tu entiendes, y que se pregunten por que. Que, despues de todo lo que te ha pasado te levantes, sonrias, y que la gente siga preguntandose como puedes seguir aun en pie. Deja que se pregunten como lo consigues.
Vive la vida, disfrutala al maximo. Pero no te la tomes demasiado en serio. Vamos, al fin y al cabo, no saldras vivo de ella.
Asi que hazte un favor: vive. Que la vida son dos dias, y una noche, y que esa noche si la pasas de fiesta, mejor que mejor. Aprendi que reirte y burlarte de los que te intentaron hacer daño es el mejor analgesico para el dolor. Tambien que cuando haya palabras necias, lo mejor es tornar tus oidos sordos.
Ese dia aprendi, tambien, que lo mejor de la vida es poder ir con una sonrisa en los labios y que la gente te mire. Y, mientras te mira, sonreir de un chiste que solo tu entiendes, y que se pregunten por que. Que, despues de todo lo que te ha pasado te levantes, sonrias, y que la gente siga preguntandose como puedes seguir aun en pie. Deja que se pregunten como lo consigues.
Vive la vida, disfrutala al maximo. Pero no te la tomes demasiado en serio. Vamos, al fin y al cabo, no saldras vivo de ella.
martes, 8 de marzo de 2011
viernes, 4 de marzo de 2011
Insecure.
Tanto tiempo sin escribirte a la cara. Esta vez sé que tú sabes que me dirijo a tí. Te juro que ha sido necesaria la distancia de un adiós y el tiempo de varios silencios para atreverme a escribir esto. Supongo que te preguntarás por qué lo hago de esta manera. Que por qué nos tienen que estar escuchando. Tranquilo, solo están a modo de testigos, no de jueces. Nos leerán, y coincidirán o no, pero eso es algo que jamás tenemos por qué saber tú y yo. Te he buscado, no ya en otros brazos, sino en otras miradas que no tenían tus ojazos, en otros labios que cerraron los míos, en otras caricias que no me hicieron olvidar las que imaginaba nuestras.
Sé que te perdí en el mismo momento en el cual mis ojos decidieron no mirar más tu rostro. Sé que el miedo y la vergüenza vencieron todo sentimiento que podía haber entre nosotros, sé que mi coraza pudo una vez más con esa rebeldía que sentí cuando quise dejarte las cosas claras. Cuando lo hice. Cuando te vi por primera vez empecé a creer en los flechazos. Cómo podías mirarme con esos ojos, dedicarme esa sonrisa y no ver el pecado atroz que estabas cometiendo contra mí. Cómo podías no ver cómo moría por dentro si mis ojos llameaban del dolor y la pasión que me producía verte. Las dos cosas al mismo tiempo. Y el miedo, y el amor venció a todo y comprendí que eras el chico de mi vida, el hombre de mis sueños. El muchacho de mis fantasías. Eras todo eso y eras más, mucho más. Y decidí lanzarme del todo, jugármelo todo a una carta que aún a día de hoy ni siquiera sé si existe. Creo que me la inventé. Me lo jugué todo a mi carta, esa carta. Mi destino. Pero la determinación flaqueó en el último momento al recibir un mandoble del miedo más horrible: el miedo a ser rechazada. Humillada. La determinación cayó y con ella todo mi aplomo. Y salí corriendo dejándote ahí plantado con la palabra en la boca. ¿Patético? Puede ser. En ese momento me pareció más bien supervivencia. Creo que prefería amarte en silencio y pensar que tú podías sentir lo mismo a arriesgarme y entregarme para que me dijeses que no. Eso me habría hundido. Y quizá si lo hubiese hecho y hubiese pasado eso hoy te habría olvidado y no escribiría esto. Quizá todo hubiese quedado en algo fugaz e idílico. Pero no lo hice. Y ahora, cada vez que te veo mi corazón late desbocado en el pecho queriendo correr hacia tí y gritarte a la cara todo lo que no me atrevo a confesar, ni siquiera ante mí misma. Y mi mundo se da la vuelta y todo lo que me parece real se trastoca para acabar patas arriba. Soy una chica insegura, que siente esas mariposas encerradas en su estómago cada vez que te ve. Más que mariposas aves rapaces. Sé que cometo errores. Y lo asumo, no digo que no. Sé que cada vez que mi mirada se encuentra con la tuya mi pecho se sumerje en una cálida paz que no creía posible en esta vida, y sube al séptimo cielo y más allá. El olvido se me fue de las manos y hasta el momento me ha sido imposible decirle cómo, cuándo, y dónde dejarte atrás. Tampoco quiero. Te veo tan lejos, tan inalcanzable... Me gustaría decir que estoy orgullosa de haberlo intentado y de haberlo perdido todo, pero esque ni siquiera me atreví a arriesgarme del todo. Te escribo a toro pasado, cuando ha terminado la batalla. Ahora que ya todos somos generales. Y me limito a escribirte todo lo que no puedo decirte con palabras por el miedo que sigo teniendo aún por este asunto. Soñaba, creía, me ilusionaba. Pero ahora los sueños han partido, las ilusiones están rotas y las esperanzas se ahogan en un vaso de agua, al igual que yo misma. Y me prometo que, la próxima vez, todo será diferente. Y engaño al destino y pierdo por adelantado, eso es lo que hago. Porque las promesas se rompen. Las palabras se olvidan y los deseos se pierden, quedándose vacíos, sin cumplir. Y, finalmente, esa necesidad creciente de creer se acabó.
Sé que te perdí en el mismo momento en el cual mis ojos decidieron no mirar más tu rostro. Sé que el miedo y la vergüenza vencieron todo sentimiento que podía haber entre nosotros, sé que mi coraza pudo una vez más con esa rebeldía que sentí cuando quise dejarte las cosas claras. Cuando lo hice. Cuando te vi por primera vez empecé a creer en los flechazos. Cómo podías mirarme con esos ojos, dedicarme esa sonrisa y no ver el pecado atroz que estabas cometiendo contra mí. Cómo podías no ver cómo moría por dentro si mis ojos llameaban del dolor y la pasión que me producía verte. Las dos cosas al mismo tiempo. Y el miedo, y el amor venció a todo y comprendí que eras el chico de mi vida, el hombre de mis sueños. El muchacho de mis fantasías. Eras todo eso y eras más, mucho más. Y decidí lanzarme del todo, jugármelo todo a una carta que aún a día de hoy ni siquiera sé si existe. Creo que me la inventé. Me lo jugué todo a mi carta, esa carta. Mi destino. Pero la determinación flaqueó en el último momento al recibir un mandoble del miedo más horrible: el miedo a ser rechazada. Humillada. La determinación cayó y con ella todo mi aplomo. Y salí corriendo dejándote ahí plantado con la palabra en la boca. ¿Patético? Puede ser. En ese momento me pareció más bien supervivencia. Creo que prefería amarte en silencio y pensar que tú podías sentir lo mismo a arriesgarme y entregarme para que me dijeses que no. Eso me habría hundido. Y quizá si lo hubiese hecho y hubiese pasado eso hoy te habría olvidado y no escribiría esto. Quizá todo hubiese quedado en algo fugaz e idílico. Pero no lo hice. Y ahora, cada vez que te veo mi corazón late desbocado en el pecho queriendo correr hacia tí y gritarte a la cara todo lo que no me atrevo a confesar, ni siquiera ante mí misma. Y mi mundo se da la vuelta y todo lo que me parece real se trastoca para acabar patas arriba. Soy una chica insegura, que siente esas mariposas encerradas en su estómago cada vez que te ve. Más que mariposas aves rapaces. Sé que cometo errores. Y lo asumo, no digo que no. Sé que cada vez que mi mirada se encuentra con la tuya mi pecho se sumerje en una cálida paz que no creía posible en esta vida, y sube al séptimo cielo y más allá. El olvido se me fue de las manos y hasta el momento me ha sido imposible decirle cómo, cuándo, y dónde dejarte atrás. Tampoco quiero. Te veo tan lejos, tan inalcanzable... Me gustaría decir que estoy orgullosa de haberlo intentado y de haberlo perdido todo, pero esque ni siquiera me atreví a arriesgarme del todo. Te escribo a toro pasado, cuando ha terminado la batalla. Ahora que ya todos somos generales. Y me limito a escribirte todo lo que no puedo decirte con palabras por el miedo que sigo teniendo aún por este asunto. Soñaba, creía, me ilusionaba. Pero ahora los sueños han partido, las ilusiones están rotas y las esperanzas se ahogan en un vaso de agua, al igual que yo misma. Y me prometo que, la próxima vez, todo será diferente. Y engaño al destino y pierdo por adelantado, eso es lo que hago. Porque las promesas se rompen. Las palabras se olvidan y los deseos se pierden, quedándose vacíos, sin cumplir. Y, finalmente, esa necesidad creciente de creer se acabó.
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