Un día te levantas con
ganas de sonreír, de
pasártelo bien, de
disfrutar, de
vivir a fondo. Y es sólo un día, pero tú quieres
aprobecharlo entero. Coges la bici y sales
dando pedales como si te fuese la vida en ello, paseando por tu ciudad de siempre,
redescubriendo quizá por primera vez cuán lindo es el barrio en el que vives, y
qué poca cuenta te has dado hasta ahora.
Pasas entre los árboles, con los cascos en los oídos, y la
música envolviéndote
al compás del pedaleo. Y,
por un momento, lo dejas
todo atrás. Sabes que cuando vuelvas a casa tendrás
el mismo día de siempre, la misma rutina diaria que te acompaña. Comes, ves la tele, y después te aburres como nadie y quizá, solo quizá, sales después con los amigos.
Pero
ahora no, este momento es
solo tuyo, y quieres aprobecharlo. Y cuanto
más fuerte pedaleas
más cosas dejas atrás.
De repente te encuentras en medio de una
bifurcación. Y tienes que
elegir un camino y, nerviosa como siempre ante cualquier decisión, eliges la
izquierda y sigues el pedaleo.
Pero entonces
te preguntas por qué no has elegido el otro, qué te ha empujado a elegir ese camino. Por qué
ese y no otro. Y te preguntas
qué hubiese pasado si hubieses elegido el otro, si hubieses tirado por el camino contrario. Quizá hubieses pinchado, te hubieses
caído. Quizá hubieses visto cosas
maravillosas, quizá
no. Pero quizá hubieses conocido a alguna
persona especial, o a lo mejor te hubieses
reencontrado con alguien que creías perdido.
La vida es igual. Por qué ese día vas
por esta calle y
no por la otra, por qué a éste le dices que
sí y al otro que
no. Por qué
te quiero en vez de
olvidarte. Por qué
me rendí en vez de
seguir luchando.
Me pone nerviosa ese asunto.
Elegir, quiero decir. No puedo
luchar contra ese sentimiento por más tiempo. El
sentimiento de haberme
fallado a mí misma, de haberme
equivocado, de
no haber
hecho lo correcto. De que quizás,
solo quizás, si ese día hubiese
elegido la
primera calle en lugar del
atajo quizá te hubiese
conocido. Probabilidad y estadística.
Quizá no.
Me hubiese gustado saberlo.
O quizá no. Si lo hubiese sabido quizá ahora
me arrepentiría más aún. Solemos
olvidarnos de las
decisiones estúpidas que tomamos, pero la
simple decisión como
no ir un día a ver a un amigo o a
una fiesta de alguien especial puede cambiarlo
todo. Quizá ese
es el día que estás esperando, ahí
está la persona que has esperado toda tu vida. Claro que también
es probable que no esté, pero eso es
secundario. El no ya lo tienes.
Ve a por el quizá.
Puede que consigas el sí.
Ya sabes que
los arrepentimientos más grandes siempre
son por las cosas que no hicimos. Un
regalo, un
te quiero a tiempo, un simple
abrazo o incluso un leve
guiño de ojos.
Un beso. Un beso es la clase de
cosas que siempre
alteran el curso del destino. Puede
no significar nada, es cierto. Pero también
puede cambiarlo todo.
Ninguna decisión es insustancial.
Ni siquiera una bifurcación en el camino.
 |
| Nothing's right. And nothing's wrong. |
No hay comentarios:
Publicar un comentario