Nacer es el inicio de todo. Es el cambio, un cambio que conlleva responsabilidades y reflexiones, decisiones que tomar que muchas veces no pueden resultar sencillas. Es renunciar a unas cosas. Y conseguir otras que, con el tiempo, descubrirás que merecieron la pena.
Crecer es esencial. Es parte de todo ser, es la continuación de una historia y, al mismo tiempo, el comienzo de muchas más. Poco a poco cambiar, no solo interna, sino también externamente. Ir modelando la apariencia a gusto y uso de la naturaleza, de la genética. Ir madurando lentamente hasta comprender cosas que jamás pensaste que podrías entender. Ponerte en la piel del de al lado, ser fiel a tus amigos, responsabilizarte de tus actos, asumir las consecuencias. Disfrutar, reír, saltar, comer, dormir, salir, entrar, amar, ser amado, ser rechazado, rechazar, llorar, desesperar, emocionar y emocionarte, revivir, recordar, concluir, empezar, seguir, terminar, y miles de acciones acaecidas a lo largo de toda una vida, y mil más. Mil historias que se desarrollan de manera paralela y que tienen todas un mismo inicio, una misma historia principal. Tu historia, tu vida.
Morir es inevitable. Es el fin de todo lo vivido, el término de lo construido, la conclusión de todo lo pasado. Es saber que todo ha terminado y asumir que has hecho lo que has podido, es desear haberlo hecho todo lo mejor posible y tal y como lo querías hacer, es aceptar tus errores y asumir tus derrotas, y mirar atrás y alegrarte de tus victorias y de todo lo que has conseguido a lo largo de todo este tiempo, a través de tantas decisiones que te han marcado. Y lo esencial es no arrepentirte. No mirar atrás y decir: "lo hice mal" sino pensar: "bueno, podría haberlo hecho mejor." Saber que hiciste feliz a las personas más importantes de tu vida. Saber que amaste y fuiste amado, saber que todo mereció la pena y sonreír por ello. Aceptar que es el final de tu gran función y esperar a que el siguiente abra el telón para representar una obra en la que tú has contribuido. Tener la certeza de que les irá bien y de que has ayudado en todo lo que te ha sido posible. No arrepentirte de lo que hiciste, sino de lo que no te dio tiempo a hacer o a terminar. Un coche para tu nieto, unas cortinas para tu hija, un último te quiero a los tuyos. Pero saber que en realidad no importa porque ellos ya lo sabían, porque tú te encargaste de demostrárselo tantas veces. No mirar a toro pasado y pensar que tu vida hubiese sido diferente si hubieses hecho tal cosa, si hubieses marchado por este camino. Quizá serías más rico. Tener la certeza de saber que no quieres saber que hubiese pasado si ese día hubieses tomado la calle principal en vez de un atajo, en el que conociste al ángel de tus sueños. Ese ángel que después escapó, causándote tanto dolor. Pero que tan feliz te hizo.
Y, por encima de todo, contar con la veracidad de que tu vida, con todos los defectos y los errores, fue la mejor que hubieses querido vivir. Quizá no eras lo suficientemente rico, no estabas lo suficientemente saludable, no eras lo suficientemente guapo ni vivías en un sitio suficientemente estrambótico. Puede que no fueses lo suficientemente bueno, pero tampoco demasiado malo. ¿Y eso qué más da? Sabes que, en el fondo, fuiste la persona más divertida que hubo en la Tierra. Y que si hubieses tenido todo eso, quizá no hubieses disfrutado tanto de la vida. Fuiste feliz. Y, a la hora de abandonar, eso es lo que realmente importa.
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| Cuando nacemos lo hacemos llorando y todos a nuestro alrededor sonríen. Vive la vida de modo en que, cuando mueras, seas tú el que sonrías, y todos los demás lloren. |

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