Una mancha de vino en el mantel –y todo el mundo sabe lo difícil que es sacar una mancha de vino–, entre otras cosas, le ayuda a no olvidar la noche en que se derramó. Podría haberse deshecho de él, porque así no la iba a utilizar en ninguna otra ocasión, y porque aunque lo guarde como “recuerdo”; para qué negarlo: es muy difícil que se olvide de aquello. De que llegó tarde después de toda una tarde preparando la cena, de las sonrisas, de su mentira. De la de los dos. De la de que todo seguiría siendo igual... A veces las promesas duran únicamente el tiempo que ocupan mientras se están diciendo. A veces no, demasiadas veces.
Se habían agotado los detalles, las miradas cómplices, esas que les comunicaban sin pronunciar palabra; se les habían desviado del camino predeciblemente marcado. Y es que un siempre, igual que un nunca, no dura toda la vida. Simplemente había llegado tarde, pero demasiadas veces llegaba tarde, y ese fue el problema. Ese y que sólo se comunicaban con miradas, algo que puede sonar muy romántico, incluso hasta poético, pero que no es suficiente.
Y por ello, finalmente, pues todo había llegado a su fin. Y ya no sé ni qué pensar, ni qué sentir, cómo reaccionar o qué seguir siendo a diario. Me siento tan perdida que muchas veces saco el mantel y lo pongo, sentándome en la misma silla en la cual me senté aquella noche, pero con la mesa preparada esta vez sólo para uno. Para recordar lo que pudo ser y no fue. Triste y patético, y un error es el perderse en los recuerdos del pasado. Sí, y lo entiendo. Sí, y lo comprendo. Pero no lo comparto.
Y cada día siento cómo el timón que marcaba mi vida gira más y más, como una brújula que no encuentra el norte. Como yo. Y que no hacemás que dar vueltas sin parar. Como yo. Sin embargo sigo, dando vueltas y perdiéndome más y más a cada día. Sin encontrarme y sin promesas que me indiquen que lo haré en un futuro próximo, no puedo; odio las promesas. Y me pierdo un poco más sin darme cuenta. Y lo peor es que, cuando me quiera parar a buscar, será demasiado tarde.
Estoy fuera de juego y, lo peor de todo, es que no sé cómo demonios volver al campo.
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| No Direction. Lost. |

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