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martes, 14 de septiembre de 2010

You're So Ugly When You Cry.

Cuando le miras a los ojos y él es lo único que te importa. Pero sabes que tienes que hacerlo porque él será más feliz sin tí, porque tú te vas tan lejos que ni siquiera sabes dónde está tu lugar de destino. Pero sabes que una relación a distancia no os conviene a ninguno de los dos, que os puede destruir a ambos hasta haceros pedazos. Y no quieres eso, no quieres eso para nada. Y por tanto la decisión está tomada, y él te devuelve una mirada emocionada y llena de amor que te parte el corazón. Debes dejarle partir. Sabes que lo más probable es que no vuelvas nunca más aquí, que no le vuelvas a ver. Y aunque desearías quedarte aquí en este pueblucho y hacer tu vida con él, para bien o para mal los sueños de tu adolescencia están a punto de cumplirse. Saldrás de este antro e irás a la gran ciudad. Tendrás un trabajo estable, un piso en el centro y un coche, y contaminación para todo el mundo. Todo lo opuesto a lo que tienes ahora, todo lo que siempre quisiste cambiar y todo lo que ahora quieres conservar por encima de cualquier cosa.
Pero tengo que seguir. Y él también, porque yo sé, aunque él todavía no, que sus padres le han pagado la universidad en París. Tú a París y yo a Nueva York, parece el título de una película de risa y, sin embargo, el asunto no tiene ni puta gracia.
Lejos, demasiado lejos.
Las palabras me duelen más a mí que a él. "Tengo que irme." "no puedo remediarlo, de verdad, desearía que no..." " Es mi futuro, y el tuyo. Son los sueños de toda mi vida..."
Las palabras se me agolpan en la cabeza y sus vanas protestas se hacen eco en mi mente. Sus protestas y sus ojos llenos de decepción y añoranza, de nostalgia, de un nose qué que me está matando por dentro. Sus ojos que me cortan como espadas y sus palabras que pesan como anclas que hacen tierra en mi pecho.
Soy capaz de terminar con un último: lo siento.
Y entonces siento cómo empiezo a llorar sin poder remediarlo y me doy la vuelta en un desesperado intento porque él no me vea. Pero me ve, me abraza desde atrás. Y lo mejor es que sé que comprende que no puedo quedarme aquí porque no valgo. Y que lo que yo más quiero es salir de allí.
-Escúchame. Sé que queires salir de aquí, y lo comprendo. Has perdido demasiadas cosas este año, cielo. Sé que serás más feliz fuera y no me opongo, ¿me escuchas? Estoy contigo. Y siempre estaré contigo donde quiera que estés.
Me da una carta y sale de allí. Y me quedo sola con un trozo de papel de cuadros arrancado de un cuaderno tintado en letras con un boli bic.
La abro con manos temblorosas, sorprendida.
"Mi niña. Mi pequeña. Sabía que esto iba a pasar, te conozco como si fueses yo mismo,  y sé que te duele más a tí que a mí lo que vas a decirme. Y sé que es lo qeu vas a decirme desde el momento en el cual me has llamado por teléfono para quedar esta tarde. Por eso escribí esto antes de salir de casa, para que, solo por si acaso, supieses que yo no te culpo. Has sido lo más importante de mi vida. Y sé que yo también lo he sido de la tuya. Y sé cuáles han sido tus sueños y cuán importantes son para ti porque veía el brillo de tus ojos cuando me contabas lo que harías en un futuro, cuando consiguieses salir de aquí. Ya lo has conseguido, mi niña, ya puedes ser feliz. Personalmente es lo que más deseo en el mundo. Te conozco, y sé que como te conozco estarás llorando en estos momentos. No llores, mi vida, te pones tan fea cuando lloras...
Sé que siempre seguirás sonriendo, estés feliz o triste, me eches de menos o conozcas a otro. Y eso es lo más improtante, que sonrías. Hazlo por mí, regálame una última sonrisa.
Te quiero, ahora y siempre, mi vida."
Las lágrimas empapan el papel tal y como él había predicho aún antes de que yo le dijese nada. Él me quiere, y yo le quiero con toda mi alma.
Echo a correr hacia su casa y me tiro encima de la puerta aporreándola con fuerza. Me abre sin mirar por la mirilla, sorprendido. Tiene un paño en la mano y tiene algo de sangre en  los nudillos. Él no sabe que yo también le conozco e intuyo lo que ha hecho.
Le tomo la mano entre las mías y le beso los nudillos maltrechos.
Sonrío, resplandeciente.
-Vente conmigo.
-No, yo...-susurra, pero le pongo un dedo en los labios. Él se calla, y yo le beso, con una sonrisa.
-No hay peros, vienes conmigo-susurro suavemente.
Y él asiente.
-¿Ves?-susurra cuando me mira a los ojos.-Estás horrible cuando lloras. Sin embargo ahora... tienes cuatro sonrisas, amor. Y una es solo para mí-y me besa de nuevo, con ese amor profundo que nos ha envuelto desde el primer instante.
Sé que he ganado la primera batalla, sé que vendrá conmigo. Aunque sé que la verdadera guerra está aún por empezar. Y sé también que quizá en otro momento tengan que separarse nuestros caminos. Pero, por el momento, seguimos juntos. Y es lo único que me importa.
Tienes cuatro sonrisas. Y una es sólo para mí.

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