Entrégate, besa, corre, vuela, y, sobre todo... enamórate, sé feliz. Sé tú mismo, porque no hay nada más importante para el mundo :)
Stuffs
Welcome, I thing. :)
martes, 30 de noviembre de 2010
Sometimes.
En este momento hay seis mil cuatrocientos setenta millones, ochocientas dieciocho mil, seiscientas setenta y una personas en el mundo. Algunas corren asustadas. Otras vuelven a casa. Algunas dicen mentiras para llegar al final del día. Otras simplemente están enfrentándose a la verdad. Algunos son hombres malvados en guerra con los buenos. Y algunos son buenos, luchando con los malvados. Seis mil millones de personas en el mundo. Seis mil millones de almas. Y a veces… todo lo que necesitas es una.
Today.
Esto es sólo un sitio en algún lugar del mundo… Puede que sea parecido a tu mundo. Puede que no tenga nada que ver. Pero si miras de cerca puede que veas a alguien como tú. Alguien intentando encontrar su camino. Alguien intentando encontrar su sitio. Alguien intentando encontrarse a sí mismo… A veces es fácil sentir que eres el único del mundo que está luchando, que está frustrado, o insatisfecho, o quedándose atrás. Pero ese sentimiento es mentira. Y si aguantas, si encuentras el coraje para enfrentarte a todo otro día más, algo o alguien te encontrará y hará que las cosas mejoren… Porque todos necesitamos un poco de ayuda a veces. Alguien que nos ayude a escuchar la música del mundo. Para recordarnos que no siempre será así. Que alguien está ahí fuera Y que ese alguien te encontrará.N.
No quiero algo, necesito algo. Tienes razón. Y cuando estoy contigo, siento que soy mejor persona. Me siento más alegre, menos sola, menos solitara, pero no es tan simple como esto. Empieza con alguien. No, quiero decir, no lo sé. Quiero decir, no creo en eso.
Chris.
Te mudarás con un estudiante de música llamado Terry, el tío tocará el trombón y por las noches, os juntareis para hablar de técnicas para soplar, se la soplarás y... yo te quiero. Si, y te mudarás con él, y yo me moriré y tú ni te enterarás.
lunes, 29 de noviembre de 2010
No Love.
Y el sufrimiento se hace enorme y se transforma en rabia, y nota en silencio sus ojos empañados y un vacío enorme en su interior. Sufre, pero antes de que caiga la primera lágrima, se acerca al ordenador. Y la calma vuelve lentamente, de forma difusa, como esa luz que ilumina la pantalla. Inspira profundamente. Otra vez. De nuevo. Y el dolor se aplaca poco a poco. Un pensamiento ligero que se aleja como una gaviota volando a ras de las olas maldivas. Siente una amarga certeza: creces, experimentas, aprendes, crees saber como funcionan las cosas, estás convencida de haber encontrado la clave que te permitirá entender y enfrentarte a todo. Pero después, cuando menos te lo esperas, cuando el equilibrio parece perfecto, cuando crees haber dado todas las respuestas, o, al menos, la mayor parte de ellas, surge una nueva adivinanza. Y no sabes qué responder. Te pilla por sorpresa. Lo único que consigues entender es que el amor no te pertenece, que es ese mágico momento en que dos personas deciden a la vez vivir, saborear a fondo las cosas, soñando, cantando en el alma, sintiéndose únicas y ligeras. Sin posibilidad de razonar demasiado. Hasta que ambas lo deseen. Hasta que una de las dos se marche. Y no habrá manera, hechos, o palabras, que puedan hacer entrar en razón al otro. Porque el amor no responde a razones... Ella mira a la persona que ya no está allí. Ahora solo puede admirar a una gaviota. Roza el agua, las olas, y da la impresión de que, cuando planea sobre el mar, escribe la palabra "fin".
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Wake Up.
Hay algo que tengo bien claro en esta vida, y es quizá una de las únicas cosas que deberías tener en cuenta, porque es una certeza máxima y absoluta: la gente te va a decepcionar.
El problema es... ¿Y si un día te despiertas y ves que eres tú la decepción?
El problema es... ¿Y si un día te despiertas y ves que eres tú la decepción?
Photos.
Adoro las fotografías. Quizá porque lo mejor de ellas es eso, que nunca cambian.
Nunca.
Incluso cuando las personas que están en ellas sí lo hacen
Nunca.
Incluso cuando las personas que están en ellas sí lo hacen
Passion.
El valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad como suceden. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables.
Erased.
La borró de la fotografía de su vida no porque no la hubiese amado, sino, precisamente, porque la quiso. La borró junto con el amor que sintió por ella. La gente grita que quiere crear un futuro mejor, pero eso no es verdad, el futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. Luchan por entrar al laboratorio en el que se retocan las fotografías y se rescriben las biografías y la historia.
Future.
Debemos arrojar a los océanos del tiempo una botella de náufragos siderales, para que el universo sepa de nosotros lo que no han de contar las cucarachas que nos sobrevivirán: que aqui existió un mundo donde prevalació el sufrimiento y la injusticia, pero donde conocimos el amor y donde fuimos capaces de imaginar la felicidad.
Replay.
La verdad es que ha de admitir que era un día pésimo. Ella se levantó y se aseó, como todos los días desde hacía más de dos años, desde que comenzó a trabajar en ese colegio, de profesora infantil.
Arrancó el coche, muerta de frío. Menudo día de perros. Al aparcar en el parking del colegio, salió y echó a correr, con la carpeta encima de la cabeza, cosa que no le impidió quedar empapada hasta los huesos. Lluvia y frío. Menudo día.
Entró a la clase y la mañana transcurrió sin notables cambios. Cuando llegó la última hora, decidió realizar un experimento del cual tenía muchas ganas de saber la respuesta.
Lo que a ella le asombró, si embargo, fue la rápida y firme respuesta de Lucas.
Y condujo, hasta donde era necesario, hasta donde le guiaba su corazón, hasta donde le llevaban las palabras de Lucas.
Y, de pronto, se vio empapada, helada y ante una puerta de roble macizo. Sin pensarlo dos veces, llamó a la puerta. Ella, de niña, también quería ser feliz. Y eso era lo que había venido a buscar.
Él abrió. Sonrió, asombrado, confuso, pero, por encima de todo, encantado de volver a verla.
Y esque a veces, si no en la mayoría de los casos, las palabras sobran, y basta con un beso para decir todo lo que hemos callado.
Arrancó el coche, muerta de frío. Menudo día de perros. Al aparcar en el parking del colegio, salió y echó a correr, con la carpeta encima de la cabeza, cosa que no le impidió quedar empapada hasta los huesos. Lluvia y frío. Menudo día.
Entró a la clase y la mañana transcurrió sin notables cambios. Cuando llegó la última hora, decidió realizar un experimento del cual tenía muchas ganas de saber la respuesta.
-A ver... Quiero que cada uno piense bien lo que quiere ser de mayor, y que me lo diga. Venga, tú primero, Alex.Alex le contestó que quería ser médico. Le tocó el turno a Paula. Veterinaria. Mario, peluquero. Estefanía, Pablo y María enfermeros. Marina quería ayudar a los más necesitados, y Desireé montar un negocio propio, quizá una tienda de ropa. Aún no lo sabían, eran muy niños y les costaba decidirse por un solo camino, como es lógico.
Lo que a ella le asombró, si embargo, fue la rápida y firme respuesta de Lucas.
-Señorita, yo quiero ser feliz.Al finalizar la clase, ella llamó a Lucas y le sonrío. Su afirmación le había dado mucho en qué pensar.
¿Sabes qué, Lucas? Tu respuesta me ha dado mucho en qué pensar, y muchas cosas en las que reflexionar. Y tus palabras me han hecho replantearme si es esto lo que quiero con mi vida. He descubierto que, en cierta medida, sí. Pero gracias a tí también he comprendido que me faltan cosas por hacer, decisiones que tomar y cosas de las que arrepentirme y solucionar. Sin embargo, espero que realmente tú si puedas conseguirlo.Le revolvió el pelo al muchacho y le sonrió, tomando su cartera y saliendo del aula a toda prisa. Encima de la mesa, dejó una simple carta dirigida al director. Un despido, un adiós y ninguna explicación. Arrancó el coche, pasó por casa y cogió simplemente lo imprescindible. Lo que no podía abandonar. Sabía que jamás volvería a pisar aquel lugar.
Y condujo, hasta donde era necesario, hasta donde le guiaba su corazón, hasta donde le llevaban las palabras de Lucas.
Y, de pronto, se vio empapada, helada y ante una puerta de roble macizo. Sin pensarlo dos veces, llamó a la puerta. Ella, de niña, también quería ser feliz. Y eso era lo que había venido a buscar.
Él abrió. Sonrió, asombrado, confuso, pero, por encima de todo, encantado de volver a verla.
-Oye,...¿qué...?No hace falta mencionar que no le salían las palabras de sus labios. A ella, sin embargo, le salían de manera atropellada y confusa.
-Yo... tú,... no debí marcharme, oh, Dios, lo siento tantísimo, que no tienes ni la menor idea de... yo te he... echado de...Y, sin perder tiempo, él la hizo callar con un beso. Un beso suave, pero intenso. Un beso breve pero largo, cálido. Un beso en el que ambos debían decirse tantas cosas, que por eso, no había necesidad de hablar.
Y esque a veces, si no en la mayoría de los casos, las palabras sobran, y basta con un beso para decir todo lo que hemos callado.
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| I'llBeHappyWithYou. |
Miss.
Hacía tiempo que no me despertaba temprano para tumbarme en el sofá y ver la televisión. Quizá echaba de menos el frío en los pies y en el estómago, cubrirme con la manta hasta la nariz, mojar las galletas en leche fría, que una se rompa a la mitad y ... tener que sumergir el dedo en la leche en busca del ansiado pedazo.
Últimamente echo de menos muchas cosas.
Últimamente echo de menos muchas cosas.
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| Remembers,Too. |
martes, 23 de noviembre de 2010
Princess.
Ella no quería crecer. Sus cuentos eran perfectos, y, aunque niña, sabía que demasiado bonitos para ser reales. No quería hacerse mayor, esperaba a Peter Pan todas las noches en el alféizar de la ventana, y ahí se quedaba dormida abrazada a su peluche favorito, pensando en todo lo que le diría al Capitán Garfio si estuviese ante él.
Quería seguir siendo la protagonista de sus sueños. Sólo esperaba poder llegar algún día a ver a su príncipe Azul y tener con él el final de sueño tan ansiado. Cada vez que se tropezaba en los momentos en los cuales corría tras un sueño para escapar de la realidad, miraba sus heridas casi con agonía. Esperaba ver salir la sangre, y que ésta fuese azul, como la de las princesas de sus sueños. Y, aunque siempre salía roja, ella no lo quería ver.
Pero, como todo, pasó. La niña creció, se hizo mayor, perdió todos esos pensamientos. Encontró a un chico que, si bien no era su príncipe azul, era un chico magnífico con un temperamento volátil, por desgracia. No duró mucho. La joven sufrió, y maduró. Terminó sus estudios, y se licenció.
Y, un día, compró una casa. Una casa muy diferente al palacio que tenía en sus antaño reales sueños. Una casa pequeña, acogedora, sin embargo. Y recogió sus cosas. Y, mientras tomaba la última caja y bajaba las escaleras hasta la puerta de entrada, algo rodó por la superficie y cayó al suelo, apenas rozando su pie, con una leve caricia que ella sintió.
Dejó la caja a un lado y tomó el peluche ajado que tantos años había pasado con ella. El osito le devolvió la mirada, una mirada tan vacía como cargada de recuerdos que ella había olvidado como por arte de magia.
Sola en aquella casa tan antigua, rompió a llorar. Lloró por todo lo que había tenido, pero también por lo que había perdido. Lloró porque echaba de menos la inocencia de los tiempos en los que, con un abrazo, se curaban todos los males. Lloró cuando, de nuevo en su antigua habitación, se sentó en el alféizar y se quedó dormida esperando, entre lágrimas, de nuevo a Peter Pan.
Ella no quería crecer. No quería crecer y, sin embargo, ya es mayor. Quería ser una princesa y, sin embargo, apenas llega a fin de mes. Quería enamorarse una sola vez y vivir el resto de sus días con el amor de su vida y, sin embargo, ya lleva cinco relaciones fallidas.
De pequeña tenía las cosas muy claras. Sabía lo que quería decirle al Capitán Garfio cuando lo tuviese delante. Ahora no puede decirle ni una palabra a su jefe porque si no, la despiden.
De pequeña tenía bien claro su futuro. Y, sin embargo, ahora el futuro se ha convertido en presente y, lejos de ser claro, es un cúmulo de emociones pasadas, arrepentimientos y soledad. Y no parece que vaya a esclarecerse.
Ella no quería crecer. Y, sin embargo, lo hizo.
Quería seguir siendo la protagonista de sus sueños. Sólo esperaba poder llegar algún día a ver a su príncipe Azul y tener con él el final de sueño tan ansiado. Cada vez que se tropezaba en los momentos en los cuales corría tras un sueño para escapar de la realidad, miraba sus heridas casi con agonía. Esperaba ver salir la sangre, y que ésta fuese azul, como la de las princesas de sus sueños. Y, aunque siempre salía roja, ella no lo quería ver.
Pero, como todo, pasó. La niña creció, se hizo mayor, perdió todos esos pensamientos. Encontró a un chico que, si bien no era su príncipe azul, era un chico magnífico con un temperamento volátil, por desgracia. No duró mucho. La joven sufrió, y maduró. Terminó sus estudios, y se licenció.
Y, un día, compró una casa. Una casa muy diferente al palacio que tenía en sus antaño reales sueños. Una casa pequeña, acogedora, sin embargo. Y recogió sus cosas. Y, mientras tomaba la última caja y bajaba las escaleras hasta la puerta de entrada, algo rodó por la superficie y cayó al suelo, apenas rozando su pie, con una leve caricia que ella sintió.
Dejó la caja a un lado y tomó el peluche ajado que tantos años había pasado con ella. El osito le devolvió la mirada, una mirada tan vacía como cargada de recuerdos que ella había olvidado como por arte de magia.
Sola en aquella casa tan antigua, rompió a llorar. Lloró por todo lo que había tenido, pero también por lo que había perdido. Lloró porque echaba de menos la inocencia de los tiempos en los que, con un abrazo, se curaban todos los males. Lloró cuando, de nuevo en su antigua habitación, se sentó en el alféizar y se quedó dormida esperando, entre lágrimas, de nuevo a Peter Pan.
Ella no quería crecer. No quería crecer y, sin embargo, ya es mayor. Quería ser una princesa y, sin embargo, apenas llega a fin de mes. Quería enamorarse una sola vez y vivir el resto de sus días con el amor de su vida y, sin embargo, ya lleva cinco relaciones fallidas.
De pequeña tenía las cosas muy claras. Sabía lo que quería decirle al Capitán Garfio cuando lo tuviese delante. Ahora no puede decirle ni una palabra a su jefe porque si no, la despiden.
De pequeña tenía bien claro su futuro. Y, sin embargo, ahora el futuro se ha convertido en presente y, lejos de ser claro, es un cúmulo de emociones pasadas, arrepentimientos y soledad. Y no parece que vaya a esclarecerse.
Ella no quería crecer. Y, sin embargo, lo hizo.
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| PrincesaDeAquelPríncipeQueNoApareció. |
Forget.
Ha pasado tanto tiempo desde el último verano que ya casi no recuerdo que te había olvidado. Han pasado tantas cosas, tantas cosas han cambiado. He aprendido que el silencio se hace cada vez más raro y más raro. Y no siempre lo mejor, es lo más caro. Cuánto más lejos estás más me cuesta respirar, el silencio es no explotar en tus manos, el silencio es no pensar, es lo que queda si te vas... En noches así, siempre se anda uno preguntado cuánto ha olvidado y cuánto de todo esto va a recordar en el futuro, y de repente te viene un vago recuerdo semejante a una princesa dormida en un castillo vacío, que al despertar se da cuenta de que está fuera de sitio. En medio de la ciudad, anda arrastrando su traje. Las joyas de su corona no sirven para nada en este viaje. La niña caminaba perdida...
olvida todo lo que has aprendido.
olvida todo lo que has aprendido.
Fears.
Write Soon, Love.
Sé que te tienes que marchar. Sé, también, que es inevitable. Realmente cuando me lo dijiste me entró un no se qué en las tripas, como si me estrangulasen desde dentro. Llámame rara. Quizá lo soy. Pero sólo de pensar que no iba a ser tu cara lo primero que viese al despertarme, se me vino el mundo encima. Créeme o no lo hagas: nada tenía sentido bajo este pensamiento. Recordar tu voz, tu cuerpo, claro, y tus ojos infinitos. Y pensar que estaban tan lejos, tan distantes que no podría llegar por mucho que corriese hacia tí. Yo, a diferencia de ti, no puedo abandonarlo todo, cariño. Esto es más duro de lo que pensé, y es quizá por eso por lo que te lo digo por escrito. Ahora solo tú sabes que me dirijo a ti. Aunque nos estén leyendo, ellos están a modo de testigos, no de jueces. Coincidirán o no, pero eso es algo que jamás tenemos por qué saber tú y yo.
Lo primero que pensé fue que tu rostro se difuminaría en el desván de mis recuerdos, poco a poco, lentamente, y que cuando encontrase el valor para echar mano y recuperarlo descubriría que solo eres una mancha borrosa. Indefinida. El miedo más atroz que me atenaza es el miedo a olvidarte. Olvidar quién eres y todo lo que fuiste y significaste para mí. Ambos sabemos todo lo que hemos pasado juntos, mi vida, y todo lo que tenemos en mente para recordar.
Quizá ahora todo eso se pierda en el pasado y sea solo una anécdota que contarle a una nieta curiosa que quiera saber más de la vida en nuestra época.
Pero no te escribo para reprocharte nada, ni para hacerte sentir culpable. Ni siquiera lo hago para que sepas como me siento.
Quiero, ante todo y más importante, darte las gracias. Gracias por haber sido tal y como eres, por haber tenido tanto tiempo para mí, por estar siempre a mi lado. Por haber llamado a mi puerta aun cuando te gritaba que no quería verte. Por haber entrado por la ventana cuando no te abría. Por las tardes inolvidables, los lugares importantes y las conversaciones insustanciales. O quizá no tanto, porque ahora que echo la vista atrás, descubro que no he olvidado ni un retazo de tus palabras. Gracias por venir corriendo a mi casa, llamar a la puerta y pedirme que me asome. Por decir cualquier tontería justo en ese momento en el que era lo que menos necesitaba, o eso creía yo.
Por otro lado, quiero desearte la más profunda de las suertes, amor. Sé que todo esto empezó como una simple amistad que fue trabándose con el tiempo, haciéndose fuerte ante las adversidades y los daños, creando barreras que solo ambos podíamos traspasar, y que, sin embargo, ha terminado como algo mucho más fuerte. Quiero que sepas que sé que esto es importante para ti. Respeto tu decisión, la comprendo, no me pidas que la comparta. Pero estoy contigo, estés donde estés, vida, ahora y siempre. Y sé que lo harás bien. Y no quiero ser pesimista, así que me gusta pensar que un día, cuando menos me lo espere, cerraré los ojos y, al abrirlos, tú me sonreirás de vuelta. Es lo único que me mantiene a flote ahora, por favor, no me culpes.
Te he querido, y aún te quiero, más que a mi vida. Pero no te voy a pedir que sigas sintiendo lo mismo. Vive, amor, salta, corre, vuela y, si tienes que enamorarte de nuevo, hazlo. Hazlo por mí, porque no sé si volveré a verte.
Sé que tienes que irte, pero nada de lo que he dicho lo hace más fácil. Sé que no te voy a olvidar. Sé que no quiero hacerlo.
Y, aunque ahora estoy muriéndome de ganas por ir a tu casa, sé que no estarás ahí para abrirme la puerta. Ir a tu casa corriendo, y llamar al timbre. Y pedirte que te asomes. "Oye, que se me había olvidado decirte una cosa..." Y seguro que es una absoluta gilipollez. Como cuando tú lo hacías. Sí, una gilipollez, pero me gustaría tanto podértela decir...
Hazme un favor, escríbeme al menos tres veces por semana.
Cuéntame todo. Escribe todo, garabatea en un cuaderno, envíame un e-mail. No importa, pero yo quiero saber todo. Así estaremos siempre juntos, aunque estemos separados. De esa manera, cuando menos lo esperemos… nos volveremos a ver :)
Lo primero que pensé fue que tu rostro se difuminaría en el desván de mis recuerdos, poco a poco, lentamente, y que cuando encontrase el valor para echar mano y recuperarlo descubriría que solo eres una mancha borrosa. Indefinida. El miedo más atroz que me atenaza es el miedo a olvidarte. Olvidar quién eres y todo lo que fuiste y significaste para mí. Ambos sabemos todo lo que hemos pasado juntos, mi vida, y todo lo que tenemos en mente para recordar.
Quizá ahora todo eso se pierda en el pasado y sea solo una anécdota que contarle a una nieta curiosa que quiera saber más de la vida en nuestra época.
Pero no te escribo para reprocharte nada, ni para hacerte sentir culpable. Ni siquiera lo hago para que sepas como me siento.
Quiero, ante todo y más importante, darte las gracias. Gracias por haber sido tal y como eres, por haber tenido tanto tiempo para mí, por estar siempre a mi lado. Por haber llamado a mi puerta aun cuando te gritaba que no quería verte. Por haber entrado por la ventana cuando no te abría. Por las tardes inolvidables, los lugares importantes y las conversaciones insustanciales. O quizá no tanto, porque ahora que echo la vista atrás, descubro que no he olvidado ni un retazo de tus palabras. Gracias por venir corriendo a mi casa, llamar a la puerta y pedirme que me asome. Por decir cualquier tontería justo en ese momento en el que era lo que menos necesitaba, o eso creía yo.
Por otro lado, quiero desearte la más profunda de las suertes, amor. Sé que todo esto empezó como una simple amistad que fue trabándose con el tiempo, haciéndose fuerte ante las adversidades y los daños, creando barreras que solo ambos podíamos traspasar, y que, sin embargo, ha terminado como algo mucho más fuerte. Quiero que sepas que sé que esto es importante para ti. Respeto tu decisión, la comprendo, no me pidas que la comparta. Pero estoy contigo, estés donde estés, vida, ahora y siempre. Y sé que lo harás bien. Y no quiero ser pesimista, así que me gusta pensar que un día, cuando menos me lo espere, cerraré los ojos y, al abrirlos, tú me sonreirás de vuelta. Es lo único que me mantiene a flote ahora, por favor, no me culpes.
Te he querido, y aún te quiero, más que a mi vida. Pero no te voy a pedir que sigas sintiendo lo mismo. Vive, amor, salta, corre, vuela y, si tienes que enamorarte de nuevo, hazlo. Hazlo por mí, porque no sé si volveré a verte.
Sé que tienes que irte, pero nada de lo que he dicho lo hace más fácil. Sé que no te voy a olvidar. Sé que no quiero hacerlo.
Y, aunque ahora estoy muriéndome de ganas por ir a tu casa, sé que no estarás ahí para abrirme la puerta. Ir a tu casa corriendo, y llamar al timbre. Y pedirte que te asomes. "Oye, que se me había olvidado decirte una cosa..." Y seguro que es una absoluta gilipollez. Como cuando tú lo hacías. Sí, una gilipollez, pero me gustaría tanto podértela decir...
Hazme un favor, escríbeme al menos tres veces por semana.
Cuéntame todo. Escribe todo, garabatea en un cuaderno, envíame un e-mail. No importa, pero yo quiero saber todo. Así estaremos siempre juntos, aunque estemos separados. De esa manera, cuando menos lo esperemos… nos volveremos a ver :)
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| TellMeAllYoursSecrets. |
Never Told You...
Supongo que nunca te dije que me gustaste más que nadie. Que contigo pasé los mejores momentos de mi vida. Que me hubiese gustado poder hacer todo lo que planeamos y poder estar juntos el resto de nuestros días. Que te quise más que a mi vida. Que reí tanto que ni una vida llena de lágrimas eclipsarán esos momentos felices. Que me hacías sonreír con solo mirarte. Que me hubiese gustado que hubiese algo más. Que solo con escuchar tu tos cerraba los ojos con una sonrisa. Que cuando veía tu rostro y esos enormes ojos azules se me nublaba la vida. Nunca te dije que te amé con locura. Ni tampoco que nuestra relación podría haber sido bonita, perfecta, que podríamos haber sido felices. Que hubiésemos llevado una vida plena, loca a ratos, tranquila a veces, siempre juntos.
Hay tantas cosas que nunca te dije...
Que ni todos los te quieros del mundo podrían formar ni un diez por ciento de lo que en verdad te quise. Tampoco te dije que aún te quiero. También olvidé mencionar que me matarías si me olvidabas. Tampoco te dije que no me olvidaras. Ni que no se te ocurriese dejarme nunca, pero nunca nunca. No te dije que tus ojos fueron mi vida, y tú mi perdición. Que, como dicen, una mirada tuya bastó para sanarme.
O cosas como contarte mi día mientras descansábamos juntos al final de la jornada, en la cama, perdido el uno en los brazos del otro. Decir: "oye, mira lo que me ha pasado... ¿no es mofante?" No te lo dije. No te dije el miedo que tenía de perderte. El pánico atroz a que te alejases. No te pedí que no me abandonases.
Nunca te dije que me moría por darte un abrazo
Hay tantas cosas que nunca te dije...
Que ni todos los te quieros del mundo podrían formar ni un diez por ciento de lo que en verdad te quise. Tampoco te dije que aún te quiero. También olvidé mencionar que me matarías si me olvidabas. Tampoco te dije que no me olvidaras. Ni que no se te ocurriese dejarme nunca, pero nunca nunca. No te dije que tus ojos fueron mi vida, y tú mi perdición. Que, como dicen, una mirada tuya bastó para sanarme.
O cosas como contarte mi día mientras descansábamos juntos al final de la jornada, en la cama, perdido el uno en los brazos del otro. Decir: "oye, mira lo que me ha pasado... ¿no es mofante?" No te lo dije. No te dije el miedo que tenía de perderte. El pánico atroz a que te alejases. No te pedí que no me abandonases.
Nunca te dije que me moría por darte un abrazo
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| NeverToldYouThatI'veDiedForHoldYou. |
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