Y, entonces, te miré a los ojos. Y supe, no preguntes cómo, pero supe, que jamás serías mío. Quizá por esa sonrisa fraternal que me dedicabas, o por cómo la mirabas a ella. Ella, siempre ella. Pasaba contoneándose como un pavo real en celo delante de tus ojos, para que la mirases de arriba abajo, para que no perdieses dato de la carne tan bonita que lucía. ¿He dicho carne? Perdón, modelito, modelito.
Si hubiese sido otra, otra... quizás. Si yo hubiese sabido que te quería. Que te podría tratar como mereces, que te respetaría, que... no lo sé. Que quizá pudies
e tratar de hacerlo como yo. El amarte, digo. Aunque es absurdo pensar eso. Es absurdo pensar que nunca nadie puede amarte más que yo.
Luego todo pasó. Fue solamente una fiebre, provocada hormonalmente por esa furcia que se hacía llamar persona. Y pasó. Y me alivié mucho. Y tomamos caminos diferentes. Pero aún éramos amigos. Muy buenos. Pero siempre hay algo que puede con todo: el tiempo. Al igual que deteriora a las personas y a los hechos, va deteriorando las amistades hasta que ya no queda nada más que un: "Anda, mira, Tuenti me avisa de que es el cumpleaños de..." Y ese "de..." quizá fue tu mejor amigo. Creo que es eso lo que nos pasó a ti y a mi. Bueno, a ti, porque yo aún no te he olvidado, porque aún me duele. Porque pertenezco a ese marginal grupo de la sociedad: el de los que aman sin ser correspondidos. Y, encima, a su mejor amigo. Es patético, lo sé.
Pero aún a día de hoy, tantos años después, sigo pensando que todo cambiará, que volveremos a ser como antes. Como ya dije, la esperanza es lo último que se pierde, y aunque sea triste soñar algo que no sucederá, más triste es no soñar nunca más.
Luego pensé en todas las mujeres que te abrazarían. Que te harían reír. Ahí se me vino el mundo encima. Ahí salió el sol y... y la realidad se impuso. Y me paró los pies. Y borró de un plumazo todo lo que había sido aquella racha. De un plumazo, de verdad.
Y vino de la mano de un buen consejo, de un sentar la cabeza, de un madurar. Vino de la mano del saber que lo pasado pisado, y que lo que tenga que venir, vendrá. Y, cuando lo haga... pues ya habrá tiempo de plantarle cara.

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