Y le echo de menos. Creí que, con el paso del tiempo, se haría menos doloroso, pero no es así. En absoluto. Solamente duele de otra manera, no lacera como al principio, ni ahoga, pero atormenta la mente, metiéndose en lo más profundo de tu ser y dejándote fría, desprotegida y perdida cuando menos te lo esperas.
Y no creo en Dios, pero recé por ti. Por nosotros. Porque no es justo que, recién encontrándote, te pierda. Porque no es justo eso para mi, pero no es justo para ti que desaparezcas de la vida con apenas diecinueve años. No es justo que apenas puedas ver la luz que la vida te ofrece, y que no hayas tenido culpa alguna. No es justo que te me hayan arrebatado de mis brazos. Aunque lo han tenido que hacer con uñas y dientes, pero han ganado, lo han hecho, y te has ido. Y no es justo que tu recuerdo desaparezca cuando lo hagamos nosotros. Y nada de eso es justo, porque no lo mereces. Porque merecías ser la persona más feliz del mundo, mi vida, porque tú eras mi sol y mis estrellas.
Pero ya no estás. Ya no estás y basta. Y tengo que dejar de hablarle a tus fotos, y a tu lápida, y a tu recuerdo. Tengo que seguir adelante. Siento que a veces estás a mi lado y me ayudas con todo esto, es verdad, te siento a menudo junto a mi. Y te lo agradezco. Te mereces el cielo y más, si esque lo hay.
Y recé, y recé. Recé todos los días, a todas horas. Después, como no había respuesta, recé más alto. Y, al final, cuando te llevaron de mi lado, lo comprendí. No era que no rezase lo suficientemente alto, o lo suficientemente fuerte. No. El caso era que no había nadie escuchándome.
Y veo, una vez más, esa carta escrita con tu letra. Tú sabías que te ibas antes que yo. Cierro los ojos sintiendo dos lágrimas resbalar por mis mejillas y apretando la pequeña nota contra mi pecho, esas dos únicas frases que tuviste tiempo de dedicarme.
"Que tus futuras alegrías no maten mi recuerdo...
Pero que mi recuerdo tampoco mate tus futuras alegrías."

No hay comentarios:
Publicar un comentario